Osvaldo Zarini, contado por su hijo: la memoria íntima detrás del hombre que imaginó una Universidad.
“Mi padre. Memorias familiares de un genio” se presentó en Tandil ante una sala colmada. Ricardo Zarini recupera en el libro recuerdos, escenas familiares y anécdotas para acercarse a Osvaldo Zarini desde un lugar menos conocido: el del padre, el hombre cotidiano y también el genio que transformó para siempre la historia educativa de la ciudad.
Hay hombres que forman parte de la historia de una ciudad y que, con el paso del tiempo, terminan convertidos casi exclusivamente en una figura pública. Osvaldo Zarini es, para Tandil, el fundador de una universidad. El impulsor de una idea que parecía improbable. Pero para Ricardo Zarini, antes que todo eso, Osvaldo fue su padre. Ese fue uno de los sentidos que atravesó la presentación de Mi padre. Memorias familiares de un genio, el libro que Ricardo Zarini escribió junto al escritor tandilense Elías El Hage y que fue presentado el viernes pasado en el Salón Blanco de la Municipalidad de Tandil.
La convocatoria desbordó la capacidad de la sala: hubo quienes siguieron el encuentro de pie, en una presentación atravesada por los recuerdos, las anécdotas y una fuerte emoción. Estaba buena parte de la comunidad de la UNICEN. El rector Marcelo Aba y la vicerrectora Alicia Spinello. Autoridades y representantes de la Universidad. También autoridades municipales, encabezadas por el intendente Miguel Lunghi. Estaba su familia. Amigos y amigas. Vecinos y vecinas. Quienes fueron cercanos y quienes lo conocieron apenas.
A lo largo de la presentación aparecieron escenas de la vida cotidiana, recuerdos familiares y anécdotas que permitieron acercarse a un Osvaldo Zarini diferente del que aparece en las fotografías institucionales o en los relatos históricos. El hombre que podía ser una figura de enorme autoridad y, al mismo tiempo, un padre; el intelectual y el hombre de familia. El dirigente capaz de sostener una idea que parecía una quimera y la persona que construía vínculos y escenas en la intimidad de su casa, con aciertos y errores.
La presentación tuvo así algo de homenaje, pero también de recuperación de una dimensión menos transitada de su figura. La admiración convive con los recuerdos cotidianos y el personaje histórico vuelve a ser, por momentos, simplemente “papá”. Las anécdotas provocaron risas, recuerdos y silencios. Algunas fueron incómodas, pero también esas escenas, las que no encajan fácilmente en el relato del genio, son necesarias para devolverle humanidad a un hombre que la historia terminó convirtiendo en figura.
“Mi papá tenía una idea en la cabeza: la educación”, recordó Ricardo y señaló que por ello mismo la fotografía elegida para la tapa del libro es Osvaldo rodeado de alumnos. No de sus hijos. Es que la historia de Osvaldo Zarini es la de una vida puesta al servicio de una idea que lo trascendió y profundamente ligada a la historia reciente de Tandil. En 1964 impulsó la creación del Instituto Universitario de Tandil, iniciativa que constituyó la semilla de la actual UNICEN. Aquel proyecto transformó las posibilidades educativas de la ciudad y de la región y abrió para varias generaciones la posibilidad de acceder a estudios universitarios sin tener que abandonar su lugar de origen.
En el relato de Ricardo aparece otra pregunta, más íntima y quizás más incómoda ¿qué lugar ocupaba la familia mientras ese hombre perseguía con tanta intensidad aquella idea? No hay respuestas simples. Tampoco parece buscarlas el libro. Hay, en cambio, una vida que se deja mirar en sus contradicciones, con el genio y con el padre. Ricardo Zarini cerró la presentación, también con una pregunta. Una pregunta que, si pudiera tenerlo en frente, le gustaría hacerle y que, de algún modo, nos hacemos todos quienes escuchamos su historia: si no te hubieses ido tan temprano, a los 47 años, ¡¿hasta dónde hubieses llegado?!

