Lunes 29 de junio de 2026

Colocarán placa homenaje a Jorge Toledo en el Campus de Olavarría

Colocarán placa homenaje a Jorge Toledo en el Campus de Olavarría

En el cincuentenario del Golpe de 1976, el lunes 29 de junio, a las 10 hs, se realizará la colocación de la placa conmemorativa a Jorge Miguel Toledo en el Comedor Universitario. La actividad es organizada por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, la Federación Universitaria del Centro de la Provincia de Buenos Aires (FUCPBA), la Comisión por la Memoria de Olavarría y el Municipio, en el marco de las acciones por los 50 años del golpe de Estado y de las políticas de memoria que la comunidad universitaria sostiene desde hace décadas.

No será solamente un acto protocolar. Será, sobre todo, un gesto de reparación. Una forma de devolverle un lugar dentro de la universidad a quien fue estudiante, graduado y militante, pero también una oportunidad para volver sobre una historia que ayuda a comprender cómo actuó el terrorismo de Estado en el centro de la provincia de Buenos Aires.

Jorge Miguel Toledo, "El Negrito", nació en Olavarría y se recibió de contador público. Durante los primeros años de la década del setenta participó activamente de la vida política y estudiantil del entonces Instituto Universitario de Olavarría, antecedente de la actual UNICEN. Quienes compartieron aquellos años lo recuerdan como un joven brillante, con una enorme capacidad para el debate y un fuerte compromiso con su tiempo.

Como les ocurrió a cientos de estudiantes, docentes y trabajadores universitarios, ese compromiso fue suficiente para convertirlo en blanco de la represión.

El 6 de febrero de 1978 salió de la Cámara de Almaceneros, donde trabajaba, y fue secuestrado por un grupo de tareas. Durante meses su familia no supo dónde estaba. La primera señal llegó con una carta enviada desde la Unidad Penal de Sierra Chica. Había sobrevivido. Pero quienes pudieron visitarlo comprendieron enseguida que las torturas habían dejado marcas profundas.

La historia de Toledo permite asomarse a una de las facetas menos estudiadas del terrorismo de Estado. Su cautiverio no estuvo atravesado solamente por la violencia física. En distintas unidades penitenciarias, y especialmente durante su paso por la cárcel de Caseros, fue sometido a aislamiento, medicación psiquiátrica administrada sin criterios terapéuticos y entrevistas permanentes con profesionales de la salud mental que, según numerosos testimonios, integraban el propio dispositivo represivo.

Sus compañeros de cautiverio relataron que recibía dosis variables de psicofármacos, sufría cambios bruscos en su conducta y regresaba de esas entrevistas profundamente alterado. Con los años, sobrevivientes, investigadores y organismos de derechos humanos comenzaron a hablar de un verdadero "laboratorio de enloquecimiento": una práctica destinada no sólo a obtener información, sino a quebrar la voluntad, la identidad y la salud psíquica de las personas detenidas.

El caso de Toledo es, probablemente, uno de los más contundentes para comprender ese cruce entre dictadura y salud mental.

En junio de 1982 murió en la cárcel de Caseros. La versión oficial habló de un suicidio. Sin embargo, los testimonios de quienes compartían el pabellón cuestionaron esa explicación y denunciaron las condiciones de hostigamiento permanente a las que eran sometidos los presos políticos.

Con el paso del tiempo, los juicios por delitos de lesa humanidad, las investigaciones históricas y el trabajo de los organismos de derechos humanos permitieron reconstruir buena parte de ese entramado represivo y devolver visibilidad a historias que durante años permanecieron silenciadas.

En ese camino también se inscribe este homenaje. Porque la placa que será descubierta en el Campus Universitario no recuerda únicamente a una víctima. Recupera la historia de un integrante de la comunidad universitaria cuya vida fue atravesada por el terrorismo de Estado y reafirma el compromiso de la universidad pública con las políticas de memoria, verdad y justicia.

La colocación de la placa representa un gesto de reparación institucional hacia un integrante de la comunidad universitaria cuya historia refleja el impacto que tuvo el terrorismo de Estado sobre las universidades públicas argentinas.

Las casas de estudio fueron uno de los principales blancos de la represión: estudiantes, graduados, docentes, no docentes e investigadores fueron perseguidos por su participación política, gremial o social. En ese sentido, la UNICEN viene desarrollando desde hace años una política sostenida de memoria, verdad y justicia, articulando investigaciones académicas, actividades de extensión, producciones periodísticas y acciones de señalización de sitios y personas vinculadas a la historia reciente. La placa que será descubierta este lunes se incorpora a ese proceso de construcción de memoria colectiva.