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El indulto es prácticamente un aval a la impunidad

Por Monseñor Miguel Esteban Hesayne
Obispo Emérito de Viedma, Coordinador
de la Cátedra de Derechos Humanos de la UNICEN

La figura del indulto está relacionada con la concepción monárquica del poder y no con el modelo republicano. Por esta razón, era la forma a la que apelaba el rey para corregir algún abuso cuando la justicia cometía errores. Partiendo de este antecedente, entonces, tenemos que juzgar el indulto desde el punto de vista ético con mucha reserva. Hay que aplicarlo con suma cautela por una parte y, por otra, ser concientes de que si bien es una atribución establecida por la Constitución Nacional muy fácilmente se puede abusar de ella y hacer una especie de privilegio.

Por eso, concretamente, y teniendo en cuenta estas dos aproximaciones yo voy a responder al último indulto recientemente decretado a favor de Enrique Gorriarán Merlo y Mohamed Alí Seineldín como respondí al primero de los años '90: se corre el riesgo de debilitar el principio de la justicia y más bien se favorece popularmente la impunidad.

En consecuencia, desde la perspectiva de la ética y considerando, además, el momento que vivimos, el hecho de un indulto sobre gente juzgada y que no se arrepiente de los hechos cometidos es prácticamente dar un aval a la impunidad. Más aún en nuestro país en que gente que estaba en una posición en la sociedad, en un rango empresarial, llegó a decir públicamente que el poder en la Argentina es la impunidad.

Este último indulto ha sido inconveniente e inoportuno y no favorece la educación de nuestro pueblo por el respeto de la justicia. No contribuye en absoluto a una auténtica reconciliación de los argentinos, antes al contrario, es su negación porque la reconciliación no es un manto del olvido. La reconciliación real se efectúa en la medida en que el culpable se arrepiente y realiza lo que en el catecismo que impartimos a los niños llamamos el propósito de enmienda, esto es de corregir sus actos. Por eso es que este indulto como tal, más allá de las personas (no tengo nada contra ellos) es un hecho condenable. Es un indulto sobre algo juzgado y justamente en un momento en que tenemos que fortalecer el sentido de justicia, de honestidad y de no violencia bajo ningún punto de vista.

Asimismo, esta nueva etapa que hemos comenzado a transitar en nuestro país es como una lucecita de esperanza que aparece en medio de la noche oscura por la cual hemos pasado. Es una esperanza que no se funda en partidismo alguno sino en el discurso del Presidente de la República el 25 de mayo y se reafirma en sus actitudes posteriores.